Top

Blog

TRAIN SLOW, PLAY SLOW. ¿ES LO QUÉ QUIERES?

Finales de julio y principios de agosto… la parte del año más temida por los deportistas. Sinónimo de pretemporada. Pero… ¿por qué razón la gran mayoría de deportistas teme la pretemporada, si realmente es un periodo de tiempo para mejorar, optimizar el rendimiento y alcanzar nuevos límites? Y sobretodo, un espacio de tiempo que va a determinar el rendimiento durante la temporada. 

Ahí es donde está el problema. Un periodo de tiempo en el que el entrenamiento que se lleve a cabo va a tener un gran impacto en el rendimiento del atleta. Muchos deportistas rinden por debajo de sus posibilidades debido a un simple fallo en la metodología del entrenamiento. El mismo fallo que les hace odiar la mejor herramienta que pueden tener a su alcance, el esfuerzo. Porque cuando el esfuerzo no tiene recompensa, entonces no merece la pena. 

El problema tiene nombre y apellidos: la carrera de fondo. ¿Cuántas veces hemos visto a deportistas haciendo carrera continua? La respuesta es muchas. Y la pregunta que debemos hacernos es: ¿para qué?.

Ningún deporte de equipo requiere de carrera continua entre sus esfuerzos. Incluso cuando se corren miles de metros en un partido, como por ejemplo en fútbol o rugby, esos kilómetros son la suma de series de sprint separados por situaciones en la que se camina, se trota, o simplemente se está de pie. 

Por ejemplo en algunos deportes como el hockey, el jugador hace un esfuerzo de menos de 2 minutos, en el que aparecen entre 10 y 15 sprints cortos, y después pasan al menos 2 minutos sentados en el banquillo antes de volver a entrar en el partido. En tenis, el tiempo de acción de cada punto suele ser menor que el tiempo de espera entre puntos. Correr largas distancias no prepara al atleta para correr cortas distancias a alta velocidad y poder repetirlo en sucesivas ocasiones.

El concepto “entrenamiento específico” consiste, como su propio nombre indica, en prepararse para rendir en una determinada modalidad deportiva imitando las demandas energéticas de ese deporte. Si en un deporte se hacen sprints, hazlos, si en un deporte se salta, salta. Tiene lógica. Pero no todo es la especificidad. Es aquí donde entra en juego el concepto “train slow, play slow”. Si buscas que un atleta sea lento, es muy sencillo, hazle correr largas distancias, hazle levantar pesos a altas intensidades y por tanto a bajas velocidades… y lo consigues. Lo difícil es hacer que un deportista sea rápido y potente. 

Si nos fijamos en los deportistas que dominan en cada deporte podemos observar que son quienes corren más rápido, quienes saltan más alto, quienes tienen movimientos más explosivos. Para lograr ser como ellos la fórmula es sencilla:

ENTRENAMIENTO DE FUERZA (a máxima velocidad) + ESFUERZOS INTERVÁLICOS ESPECÍFICOS = RENDIMIENTO 

¿Y cuándo lo hago? el mejor momento para hacerlo es fuera de la temporada, fuera del periodo competitivo. 

Por tanto, analizar el deporte, sus demandas, sus características, la biomecánica de cada gesto, el mecanismo lesional más común… Es una ciencia que hace que el entrenamiento sea específico. Y sólo de la mano de la ciencia podemos hacerlo con las mejores garnantías. Esto es únicamente una parte de lo que hace nuestro #MétodoA.